jueves, 29 de marzo de 2012

Historias F1: La amistad no siempre da revancha



La vida tiene tantas curvas como el más exigente de los circuitos. Y como sucede en los trazados, puedes aprender de memoria cada milímetro del trazado, pero nunca sabras a ciencia cierta que vas a encontrar más adelante. Así es la vida, crees tener todo bajo control, hasta que de repente todo cambia y a veces sin retorno. Recomiendo leer hasta el final, porque la historia de hoy está llena de esas curvas inesperadas, que propone el gran premio de la vida...

La amistad es uno de los bienes más preciados en las relaciones entre las personas. A veces se generan lazos muy fuertes, superando todos los escollos y generalemente eso dura para siempre. Claro que, en el medio, puede haber buenas y malas, como en una carrera misma donde rara vez todo sea perfecto, siempre hay margen para hacerlo mejor.

Lo importante es valorar y dimensionar todo en su justa medida. A veces, una amistad puede romperse por algo efímero, superficial, algo que no merezca tanta importancia y hay que estar atentos porque, por esas curvas de la vida, tal vez no haya posibilidad de remediarlo...

La Fórmula 1 tiene muchas historias que contar y una de ellas puede tener que ver con todo esto. Hubo dos hombres que llegaron a la máxima cada uno por su lado y el destino los reunió. Todo fue de maravillas hasta que ellos resolvieron torcer el destino y escribirlo de otra forma.

Gilles Villeneuve nació en Canadá el 18 de enero de 1950, dos años mas tarde, en Francia, nacía Didier Pironi.

Ambos se volcaron a la competición. Gilles en los caminos helados de Canadá y Didier en los autódromos europeos. Luego de varios años de transitar las carreras como anónimos, sus nombres empezaron a tener otro brillo, casi al unísono...

En 1976, James Hunt estaba a punto de ser Campeón del Mundo de Fórmula 1 y fue invitado a una carrera de Fórmula Atlantic en Trois Riviere. El británico culminó tercero y Villeneuve fue el ganador de la contiendo. De regreso en Europa, James no paraba de hablar de lo rápido que corría aquel pequeño canadiense e insistió para que su equipo, Mc Laren, haga una prueba con él. Finalmente los convenció y en 1977, Gilles se subió al F1 en Silverstone, culminando en novena posición, sin convencer a los popes de la escuadra.

Pasaron tres meses hasta que Gilles pudo volver aconducir un F1 y su regreso fue sobre una Ferrari, reemplazando nada menos que a Niki Lauda, quien se había marchado a Brabham, causando la furia de Don Enzo. La carrera se desarrolló en Canadá pero el Mosport Park no era el favorito de Villeneuve y terminó 12mo. Gilles no lo estaba haciendo bien y en F1 nunca sobran las oportunidades. Para completar un panorama oscuro, en la carrera siguiente, Gran Premio de Japón, el canadiense colisió con Ronnie Peterson y su monoplaza levantó vuelo, yendo a parar del lado del público ocasionando la muerte de dos espectadores.

Contra todo lo que se podía esperar, Ferrari siguió confiando en el aguerrido piloto y lo confirmó para que en 1978 acompañe a Carlos Alberto Reuteman. Arrancó la temporada en Argentina con un 8vo lugar y tras protagonizar varios accidentes, recién pudo subir el podio en agosto de aquel año, en el GP de Austria, detrás de Peterson y Patrick Depailler.

Poco tiempo después, en octubre de 1978, Gilles Villeneuve inscribió por fin su nombre en la lista de ganadores, quedándose con la victoria en el GP de Canadá, en el circuito de Montreal, delante de sus fanáticos, escoltado en el podio por Scheckter y Lole.


En 1979 protagonizó la madre de las batallas, en Dijon, Francia, en un inolvidable rueda a rueda con René Arnoux, luchando por el segundo lugar. Gille ganó ese duelo y logró colarse entre los Renault Turbo de Jean Pierre Jabouille y Arnoux.

Aquel año ganó en Sudáfrica, Long Beach y Watkins Glen. Siempre con Ferrari, en 1980 no pudo festejar ninguna victoria.

En 1981 Gilles se encontraría con Didier Pironi. El francés se había consagrado campeón de Fórmula Renault en 1974. Luego pasó a competir en F2, donde batalló en el certamen con René Arnoux y Eddie Cheever, quedando en el tercer lugar. De todas maneras, Pironi mostró su estilo y Tyrrel lo contrató para debutar en F1 en 1978, acompañando a Depailler.

Un par de 5to puestos fue lo mejor que Didier pudo lograr aquel año, pero igualmente festejó, ya que se dio el gusto de ganar en las míticas 24 Horas de Le Mans.

En 1979 siguió con Tyrrell y en Bélgica alcanzó su primer podio, detrás de Scheckter y Laffite. El francés cerró el año con otro tercer lugar, en Watkins Glen.

Para 1980, Pironi se había marchado a Ligier y finalmente alcanzó el objetivo de ganar en Zolder, Bélgica, adelantando a Jones y Reutemann. Desafortunadamente para Didier, ya no habría más victorias aquel año.
En 1981 Pironi llegó a la Scudería Ferrari y allí pasó a formar equipo con Gilles Villeneuve.

El piloto de Canadá volvió a celebrar en lo más alto, ganando en Mónaco y en España, con dos victorias de antología. Sin saberlo, aquel 21 de junio de 1981 en Jarama, Gilles Villeneuve estaba celebrando su última gran conquista. Por su parte, Didier no podía vencer aquel año.

En 1982, la temporada no arrancó bien para los hombres de Ferrari, quienes en el poco tiempo juntos había forjado una excelente relación amistosa. Algo poco común en un ambiente de alta competencia, pero quizas normal en aquellos años de una F1 cargada de romanticismo.

Luego de malos resultados en Sudáfrica, Brasil y Long Beach, la máxima llegó a San Marino. Arnoux se puso al frente de aquel Gran Premio, con las Ferrari detrás. En la vuelta 44 Gilles pasó al frente y al giro siguiente Pironi se puso segundo. Aquellos motores turbo consumían enormes cantidades de carburante y una vez asegurado el 1-2, desde el equipo partió la orden de
marchar cautos, ya que la carrera estaba asegurada.

Sin embargo, en la última vuelta, Didier Pironi protagonizó un hecho inesperado. Aprovechó que Gilles marchaba confiado, con su compañero de equipo cuidándole la espalda y lo superó, arrebatándole una victoria increíble, ante la mirada atónita de los presentes.


Didier se olvidó de su amistad, del respeto a su jefe de filas en el equipo y Gilles nunca se lo perdonó. El canadiense bajó ofuscado de su auto, sin mirar a Pironi. Su herida era mucho más profunda que lo que podía significar un triunfo. El estaba tratando de entender porqué su amigo y compañero lo había superado, en un acto de traición según sus parámetros del espíritu deportivo.
Subieron al podio y el rostro de Gilles estaba desencajado, mientras Pironi, sonriente, celebraba una victoria que había sido robada, que no le correspondía. Villeneuve tuvo con aquetl trago amargo, su última visita al estrado de la F1.

Desde aquel día, nunca volvieron a cruzar una palabra. La amistad estaba hecha trizas y no habría posibilidad de remediarlo.


Inmediatamente después de Imola, el gran circo se trasladó a Zolder, para el GP de Bélgica. El 8 de mayo de 1982, mientras se desarrollaba la prueba de clasificación, Jochen Mass marchaba lentamente con su March, mientras la Ferrari de Villeneuve buscaba su tiempo rápido. Lo inevitable ocurrió y los autos se encontraron en la pista. El monoplaza de Gilles volvó por el aire y el piloto fue despedido con su butaca, yendo a impactar contra un poste. La vida del genial Villeneuve se apagó de inmediato y desde ese momento se convirtió en leyenda.

Pironi, señalado como el gran traidor, no corrió en Bélgica porque Ferrari se lo ordenó tras la muerte de su piloto ícono. Luego encadenó una serie de podios en Mónaco y en Detroit y llegó a Canadá donde fue abucheado por el público.
Esto poco le importó a Didier que hizo la pole, pero en carrera su Ferrari quedó parada y provocó un grave accidente, donde Paletti quedó atrapado entre las llamas. Pironi se metió entre las llamas para ayudar a rescatarlo, pero el malogrado italiano murió.

Más tarde, Pironi alcanzó su tercer y último triunfo en F1, al vencer en el GP Holanda y alcanzó la punta del campeonato, llegando como líder al GP de Alemania, en Hockenheim.


Peleando por la pole y tal como le pasara a su antiguo amigo Gilles, Didier se encontró con dos autos, uno de ellos era el de Prost y la colisión fue inevitable. Pironi salvó su vida milagrosamente, pero sus piernas estaban destrozadas y su carrera estaba terminada.

A diferencia de lo que había ocurrido en Zolder, Ferrari permitió correr a su otro piloto, Patrick Tambay, quien además ganó aquel Gran Premio.

La vida de Pironi había tomado un rumbo imprevisto y ahora en lugar de pensar en ganar carreras, debía luchar por su vida. Tras varias y complicadas operaciones, 34 en total, durante los siguientes cinco años, Didier fue recuperando la movilidad en sus miembros inferiores y si bien su cuerpo ya no contaba con la fortaleza de otros tiempos, su espíritu competitivo estaba intacto. En secreto realizó varias pruebas sobre autos de F1, AGS y Ligier fueron algunos de los monoplazas a los que subió, pero todos le aconsejanan esperar para intentar volver a las pistas.


Mientras tanto, Pironi se lanzó a competir en Off Shore, con poderosas embarcaciones en aguas abiertas. Bautizó a su nave con el nombre de Colibrí y ganó una fecha mundialista en Noruega, por lo cual su ánimo estaba mejor.
El 27 de agosto de 1987, en una competencia al sur de Inglaterra, una máquina de Off Shore voló por el aire estrellándose con gran violencia, para desintegrarse en el agua. En el trágico hecho murieron los tres ocupantes del bote de carrera, entre ellos su piloto, Didier Pironi.

El hombre que había cultivado una amistad con Villeneuve, franqueó esa barrera de los imperdonable para el canadiense. La prematura muerte de Gilles no le dio a Didier la posibilidad de enmendar aquella situación, aunque tampoco tuvo demasiado tiempo, por esas curvas de la vida.

Catherina, la esposa de Pironi estaba embarazada de mellizos, al momento del accidente mortal del francés, por lo cual el piloto no pudo conocer a sus hijos. Cuando los niños nacieron, su madre decidió llamarlos Gilles y Didier....vaya si la vida tiene curvas inesperadas.

No se sabe si Didier no quiso o no tuvo tiempo de disculparse con su amigo, la cuestión es que la muerte de Gilles le arrebató la posibilidad de pedir perdón, teniendo que sobrevivir con eso a cuestas.

Así, la historia de la Fórmula 1 nos deja una verdadera lección de vida. Si sientes que tienes que disculparte con alguien, no esperes...solo hazlo.

@damonf1

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